Las personas somos seres sociales. Desde que nacemos, necesitamos del vínculo con otras personas para crecer, aprender y sentirnos cuidados. A lo largo de la vida, las relaciones sociales siguen cumpliendo un rol fundamental en nuestra salud emocional y bienestar general. Contar con redes de apoyo y participar en actividades sociales no solo mejora el ánimo, sino que también ayuda a atravesar momentos difíciles y a cuidar la salud mental.
Actividad social
El contacto social estimula emociones positivas, fortalece la autoestima y actúa como un factor protector frente al aislamiento y la soledad.
Dedicar tiempo a los vínculos es una inversión en salud. En verano y en vacaciones, compartir tiempo también es salud y una manera de cuidar integralmente el bienestar propio y colectivo.
La salud no se construye solo a partir de hábitos individuales.
La soledad es una experiencia humana universal. Todos, en algún momento, podemos sentirnos solos, pero cuando esta situación se prolonga en el tiempo, puede convertirse en un factor de riesgo para la salud. En los últimos años, numerosos estudios han demostrado que la soledad no solo afecta el bienestar emocional, sino también la salud física.
Cada vez más estudios subrayan la relevancia de recuperar y fortalecer los vínculos intergeneracionales, no solo por su valor afectivo y cultural, sino también por sus impactos positivos en la salud y el bienestar.