Durante el verano y los días de altas temperaturas, las reuniones sociales, las vacaciones y el tiempo libre suelen ir acompañados de un mayor consumo de alcohol. Sin embargo, combinar alcohol y calor puede tener efectos negativos en la salud que muchas veces se subestiman. Conocer estos riesgos es el primer paso para tomar decisiones más cuidadas y proteger el bienestar propio y el de quienes nos rodean.
¿Qué ocurre en el cuerpo cuando se consume alcohol con calor?
El alcohol actúa como un deshidratante. Aunque al principio pueda dar una sensación refrescante, en realidad favorece la pérdida de líquidos a través de la orina. Cuando esto se suma al sudor que produce el calor, el riesgo de deshidratación aumenta notablemente.
Además, el alcohol interfiere con los mecanismos que regulan la temperatura corporal. Esto dificulta que el cuerpo se enfríe de forma adecuada, aumentando la posibilidad de agotamiento por calor o golpes de calor, especialmente en ambientes muy calurosos o durante la exposición prolongada al sol.
Señales de alerta a las que hay que prestar atención
En contextos de altas temperaturas, los efectos del alcohol pueden aparecer más rápido y ser más intensos. Algunas señales a tener en cuenta son:
- Mareos o sensación de inestabilidad
- Dolor de cabeza intenso
- Náuseas o vómitos
- Confusión, desorientación o somnolencia
- Calambres o debilidad general
Estas señales no deben minimizarse, ya que pueden indicar deshidratación o un mal manejo del calor corporal.
Más riesgos, menos conciencia
El alcohol también reduce la percepción del cansancio y del calor. Esto puede llevar a exponerse al sol durante más tiempo del recomendable, a no hidratarse adecuadamente o a realizar actividades físicas sin los cuidados necesarios.
Además, el consumo de alcohol aumenta el riesgo de accidentes, especialmente en piletas, ríos, mar o durante traslados, situaciones que en verano son más frecuentes.
Grupos más vulnerables
Algunas personas pueden verse más afectadas por la combinación de alcohol y calor:
- Personas mayores
- Adolescentes y jóvenes
- Personas con enfermedades crónicas
- Quienes toman ciertos medicamentos
- Personas que trabajan o hacen actividad física al aire libre
En estos casos, los efectos del alcohol pueden ser más rápidos y más intensos, incluso con cantidades moderadas.
Claves para reducir riesgos sin dejar de compartir
Reducir el consumo de alcohol no significa dejar de disfrutar de los encuentros sociales. Algunas recomendaciones simples pueden marcar la diferencia:
- Alternar bebidas alcohólicas con agua
- Elegir bebidas sin alcohol como opción principal
- Evitar el consumo en horas de mayor calor
- No exponerse al sol si se ha consumido alcohol
- Comer antes y durante el encuentro
Estas acciones ayudan a cuidar el cuerpo y a mantener una mejor hidratación.
Cuidarse también es elegir con conciencia
El verano invita al disfrute, al descanso y al encuentro, pero también requiere mayor atención a las señales del cuerpo. Entender cómo el alcohol afecta al organismo en contextos de calor permite tomar decisiones más informadas y responsables.
Reducir el consumo de sustancias nocivas, especialmente en días de altas temperaturas, es una forma concreta de cuidar la salud, prevenir riesgos y disfrutar del verano de manera más segura y saludable. Elegir con conciencia también es una forma de bienestar.
