Volver al movimiento de forma progresiva: cuidar el cuerpo también es escucharlo
Luego de períodos de menor actividad física —como vacaciones, licencias, enfermedades o cambios en la rutina— es habitual sentir la necesidad de “ponerse en forma” rápidamente. Sin embargo, el cuerpo no funciona a base de exigencias repentinas. Volver al movimiento de manera progresiva es una forma de cuidado, prevención y respeto por los propios tiempos. Escuchar al cuerpo es tan importante como moverse.

El cuerpo necesita adaptación
El cuerpo humano se adapta continuamente a lo que hacemos con él. Cuando disminuimos la actividad física, los músculos, las articulaciones y el sistema cardiovascular reducen su nivel de exigencia habitual. Por eso, al retomar el movimiento, el organismo necesita un período de readaptación para responder de manera segura.
Forzar el cuerpo en esta etapa puede generar contracturas, sobrecargas, lesiones o un cansancio excesivo que dificulte la continuidad. En cambio, una vuelta progresiva permite:
- Recuperar fuerza, resistencia y flexibilidad de forma gradual.
- Disminuir el riesgo de dolores musculares intensos.
- Volver a reconocer los propios límites corporales.
- Construir una base sólida para sostener la actividad en el tiempo.
Aceptar este proceso es clave para evitar frustraciones y expectativas pocorealistas.
Escuchar las señales corporales
El cuerpo envía señales constantemente, pero no siempre les prestamos atención. Aprender a escucharlas es fundamental para una práctica saludable del movimiento. Algunas señales indican que el cuerpo está respondiendo al esfuerzo, mientras que otras advierten sobre la necesidad de frenar o ajustar.
Entre las señales a tener en cuenta se encuentran:
- Dolores persistentes o localizados que no desaparecen con el descanso.
- Sensación de agotamiento extremo que se mantiene durante el día.
- Rigidez muscular que limita el movimiento.
- Falta de aire excesiva para el nivel de actividad realizada.
- Irritabilidad o desmotivación asociadas al esfuerzo físico.
Escuchar el cuerpo no significa dejar de moverse, sino aprender a regular la intensidad, la duración y el tipo de actividad.
Empezar de a poco también es avanzar
Existe la creencia de que “si no duele, no sirve”, pero esta idea suele ser perjudicial. Avanzar de forma progresiva es una estrategia inteligente para cuidar la salud. Comenzar de a poco permite que el cuerpo se fortalezca sin generar rechazo o malestar.
Algunas pautas útiles para esta etapa son:
- Iniciar con actividades suaves y accesibles, como caminatas, ejercicios de movilidad o estiramientos.
- Aumentar el tiempo o la intensidad de forma gradual, semana a semana.
- Respetar los días de descanso como parte del proceso.
- Evitar compararse con el rendimiento pasado o con otras personas.
Cada pequeño avance cuenta y forma parte del camino hacia una vida más activa.
Elegir movimientos que generen bienestar
Moverse no significa necesariamente realizar rutinas intensas o estructuradas. El movimiento puede adoptar muchas formas y estar integrado a la vida cotidiana. Elegir actividades que resulten agradables favorece la adherencia y reduce el abandono.
Algunas opciones incluyen:
- Caminar al aire libre o desplazarse activamente.
- Bailar, nadar o andar en bicicleta.
- Juegos, deportes recreativos o actividades grupales.
- Actividades domésticas realizadas de forma consciente y activa.
Cuando el movimiento se asocia al disfrute y no a la obligación, se convierte en un hábito más fácil de sostener.
El descanso y la recuperación también cuentan
El descanso es una parte fundamental del cuidado corporal. No descansar lo suficiente puede afectar el rendimiento, aumentar el riesgo de lesiones y generar cansancio acumulado. El cuerpo necesita tiempo para recuperarse y adaptarse al esfuerzo.
Algunas claves para una buena recuperación son:
- Dormir las horas necesarias y priorizar un descanso reparador.
- Alternar días de actividad con días de menor exigencia.
- Incorporar estiramientos suaves al finalizar la actividad.
- Escuchar la necesidad de pausar cuando el cuerpo lo pide.
Moverse y descansar no son acciones opuestas, sino complementarias.
Un enfoque amable con el propio cuerpo
Volver al movimiento es una oportunidad para construir una relación más respetuosa con el cuerpo. Un enfoque amable implica dejar de lado la autoexigencia excesiva y priorizar el bienestar integral por sobre el rendimiento.
Escuchar al cuerpo, respetar los tiempos personales y valorar cada avance, por pequeño que parezca, contribuye a una práctica saludable y sostenida. Cuidar el cuerpo también es escucharlo, acompañarlo y permitirle volver al movimiento de manera consciente, progresiva y segura.
