Realizar ejercicio al aire libre es una excelente forma de mejorar la salud física y mental. Caminar, correr, andar en bicicleta o simplemente moverse en un parque ayuda a fortalecer el cuerpo, reducir el estrés y mejorar el estado de ánimo. Sin embargo, para que la actividad sea realmente beneficiosa, es importante tener en cuenta algunos cuidados básicos.
Elegir el momento adecuado
Evitar las horas de mayor calor, especialmente en verano. Lo ideal es realizar actividad física temprano por la mañana o al atardecer, cuando las temperaturas son más agradables y el riesgo de deshidratación o golpes de calor es menor.
Mantener una buena hidratación
Antes, durante y después del ejercicio es fundamental tomar agua, incluso si no se siente sed. La hidratación ayuda a regular la temperatura corporal y a prevenir mareos, cansancio excesivo o descompensaciones.
Usar ropa y calzado adecuados
La ropa debe ser cómoda, liviana y permitir la transpiración. En cuanto al calzado, es importante que sea adecuado para la actividad que se va a realizar y que brinde buen soporte para evitar lesiones en pies, tobillos o rodillas.
Protegerse del sol
Cuando se realiza ejercicio al aire libre, es necesario cuidar la piel. Usar protector solar, gorra o sombrero y, si es posible, anteojos de sol. Esto ayuda a prevenir quemaduras y otros daños asociados a la exposición prolongada al sol.
Escuchar al cuerpo
No es recomendable exigirse más de lo que el cuerpo puede dar. Si aparecen molestias, dolor, mareos o falta de aire, es importante frenar la actividad. El ejercicio debe ser progresivo y adaptado a las posibilidades de cada persona.
No olvidar la entrada en calor y el estiramiento
Antes de comenzar, dedicar unos minutos a mover las articulaciones y activar los músculos. Al finalizar, realizar estiramientos suaves ayuda a prevenir lesiones y a reducir dolores musculares.
Consultar si hay problemas de salud
Las personas con enfermedades crónicas, lesiones previas o que hace mucho tiempo no realizan actividad física deberían consultar con un profesional de la salud antes de comenzar una rutina de ejercicio.
Ejercitarse al aire libre: Recomendaciones según la edad
La actividad física al aire libre es una herramienta clave para cuidar la salud en todas las etapas de la vida. Además de fortalecer el cuerpo, favorece el bienestar emocional, el encuentro con otras personas y el uso saludable de los espacios comunitarios. Para que sea segura y beneficiosa, es importante adaptar el ejercicio a la edad y a las condiciones de cada persona.
Niñas, niños y adolescentes
- Priorizar el juego, el movimiento libre y las actividades recreativas.
- Asegurar la supervisión de personas adultas, especialmente en espacios abiertos.
- Promover pausas para hidratarse y protegerse del sol.
- Evitar la exigencia excesiva o la competencia extrema: el objetivo es disfrutar y moverse.
El ejercicio en estas edades favorece el desarrollo físico, fortalece vínculos y promueve hábitos saludables que pueden sostenerse a lo largo de la vida.

Personas adultas
- Elegir actividades acordes a la condición física y al tiempo disponible.
- Incorporar el movimiento en la vida cotidiana: caminar, usar la bicicleta o realizar actividades grupales en espacios verdes.
- Respetar los tiempos de descanso y recuperación.
- Ante dolores persistentes o enfermedades crónicas, consultar con profesionales de la salud.
Moverse de forma regular ayuda a prevenir enfermedades, reducir el estrés y mejorar la calidad de vida.

Personas adultas mayores
- Priorizar actividades de bajo impacto como caminar, estiramientos, ejercicios de equilibrio o gimnasia suave.
- Usar calzado adecuado y elegir lugares seguros y conocidos.
- Realizar ejercicio acompañado o en grupos comunitarios cuando sea posible.
- Detener la actividad ante mareos, fatiga excesiva o dolor.
La actividad física contribuye a mantener la autonomía, prevenir caídas y fortalecer la confianza en el propio cuerpo.

Promoción de la salud y cuidados comunitarios
El ejercicio al aire libre no es solo una práctica individual, sino también una acción de cuidado colectivo. Parques, plazas y espacios públicos accesibles y seguros favorecen el movimiento, el encuentro y la inclusión social.
Promover la actividad física en comunidad implica:
- Cuidar y valorar los espacios públicos.
- Fomentar actividades grupales y redes de apoyo.
- Respetar las diferencias, los ritmos y las posibilidades de cada persona.
- Entender el movimiento como parte del derecho a la salud y al bienestar.
Moverse al aire libre es una forma simple y efectiva de cuidar el cuerpo, la mente y los vínculos, en todas las edades. Cuando el ejercicio se adapta a cada etapa de la vida y se promueve desde una mirada comunitaria, se convierte en una herramienta poderosa para construir salud colectiva.
