Cada 7 de junio se conmemora el Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos, una fecha impulsada por las Naciones Unidas para visibilizar la importancia de que los alimentos sean seguros para el consumo y para promover acciones que ayuden a prevenir enfermedades transmitidas por alimentos.
La jornada fue establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2018 y comenzó a celebrarse a nivel mundial en 2019. Su coordinación está a cargo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), junto con gobiernos, instituciones científicas, organismos sanitarios y organizaciones de distintos países.
En 2026, el lema elegido es: “De la carga a las soluciones: alimentos inocuos en todas partes”. La propuesta busca poner en valor la importancia de contar con información confiable, evidencia científica y sistemas de vigilancia que permitan prevenir riesgos y fortalecer la seguridad alimentaria en todo el mundo.
Un problema de salud pública que afecta a millones de personas
La inocuidad alimentaria no es solamente una cuestión vinculada a la calidad de los productos. Se trata también de un tema central para la salud pública.
Según datos difundidos por la OMS y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cada año alrededor de 600 millones de personas enferman en el mundo por consumir alimentos contaminados y aproximadamente 420.000 fallecen por esta causa. Además, los niños y niñas menores de cinco años representan una proporción importante de la carga de enfermedad asociada a los alimentos inseguros.
Las enfermedades transmitidas por alimentos pueden producirse por bacterias, virus, parásitos, toxinas o sustancias químicas presentes en distintas etapas de la cadena alimentaria.
Más allá de los efectos sobre la salud, estas situaciones generan consecuencias económicas y sociales importantes: aumentan los costos de atención sanitaria, afectan la productividad laboral, impactan sobre el comercio de alimentos y pueden comprometer la confianza de la población en los sistemas de producción y distribución.
América Latina y los desafíos de los sistemas alimentarios
En América Latina y el Caribe, la inocuidad alimentaria constituye un desafío permanente debido a la diversidad de sistemas productivos, las desigualdades sociales, las dificultades de acceso a servicios básicos en algunos territorios y los efectos de fenómenos ambientales que pueden alterar la producción y conservación de alimentos.
Por este motivo, organismos regionales como la FAO, la OPS, la Comisión del Codex Alimentarius para América Latina y el Caribe y otras instituciones promueven acciones conjuntas destinadas a fortalecer los sistemas de control, vigilancia y prevención.
Actualmente, el enfoque regional busca avanzar hacia sistemas alimentarios más seguros, sostenibles y resilientes, capaces de garantizar alimentos inocuos desde la producción hasta el consumo.
El papel de la ciencia en la seguridad de los alimentos
Uno de los aspectos destacados en las campañas internacionales de los últimos años ha sido el valor de la ciencia para proteger la salud de la población.
Las investigaciones científicas permiten identificar riesgos, desarrollar normas de calidad, establecer controles sanitarios y mejorar los sistemas de monitoreo de enfermedades relacionadas con los alimentos.
La evidencia científica también resulta fundamental para que los gobiernos elaboren regulaciones, para que las industrias implementen procesos seguros y para que los organismos de control puedan actuar frente a situaciones de riesgo.
En este contexto, el trabajo de organismos internacionales y de espacios de cooperación técnica contribuye a construir estándares comunes que favorecen tanto la protección de la salud como el comercio seguro entre países.
Argentina y el fortalecimiento de los controles sanitarios
En Argentina, la inocuidad alimentaria involucra el trabajo conjunto de organismos nacionales, provinciales y municipales que participan en tareas de regulación, fiscalización, monitoreo y control.
La vigilancia de enfermedades transmitidas por alimentos, los controles bromatológicos, la inspección de establecimientos elaboradores y las campañas de educación sanitaria forman parte de las estrategias orientadas a reducir riesgos para la población.
Asimismo, las universidades, centros de investigación y equipos de salud cumplen un rol importante en la producción de conocimiento, la capacitación profesional y la promoción de prácticas seguras en toda la cadena alimentaria.
La importancia de las acciones locales
En provincias con una fuerte actividad agroalimentaria como Santa Fe, la inocuidad de los alimentos adquiere especial relevancia.
La provincia participa de distintas acciones vinculadas a la producción, industrialización, transporte y comercialización de alimentos que forman parte tanto del mercado interno como de las exportaciones.
En este escenario, las tareas de control sanitario, la capacitación de trabajadores y trabajadoras, la vigilancia epidemiológica y la articulación entre instituciones públicas y privadas resultan fundamentales para proteger la salud de la población.
También tienen un papel importante los gobiernos locales, las áreas de bromatología, los equipos de salud y las organizaciones comunitarias que desarrollan actividades de prevención y promoción en los territorios.
Una responsabilidad compartida
El Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos recuerda que la seguridad alimentaria no depende de un único actor. Productores, transportistas, industrias, comercios, organismos de control, instituciones científicas, equipos de salud y consumidores forman parte de una misma cadena.
Garantizar alimentos inocuos requiere compromiso, conocimiento, controles adecuados y decisiones basadas en evidencia científica.
La fecha constituye una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de construir sistemas alimentarios más seguros y fortalecer acciones que permitan reducir enfermedades prevenibles, proteger la salud colectiva y promover una mejor calidad de vida para toda la población.
Porque detrás de cada alimento seguro hay una red de personas, instituciones y políticas públicas que trabajan diariamente para que lo que llega a nuestra mesa contribuya al bienestar y no represente un riesgo para la salud.

