Las vacaciones de invierno son un momento esperado por niñas, niños, adolescentes y también por las familias. En Argentina, durante el receso escolar de julio, cambian los horarios habituales: se duerme un poco más, las comidas suelen realizarse en horarios diferentes y aumentan las actividades recreativas o el tiempo frente a pantallas. Estos cambios son parte de las vacaciones y pueden resultar beneficiosos para descansar del ritmo escolar. Sin embargo, cuando los horarios se desordenan demasiado, volver a la rutina puede hacerse más difícil.
El sueño es una necesidad biológica fundamental para todas las personas. Dormir bien favorece el crecimiento y el desarrollo en la infancia, fortalece el sistema inmunológico, contribuye al aprendizaje, mejora la memoria, ayuda a regular las emociones y favorece el bienestar físico y mental. En las personas adultas también es indispensable para mantener la concentración, el rendimiento laboral y la salud general.
¿Está mal modificar los horarios durante las vacaciones?
No necesariamente. Es esperable que durante el receso escolar los horarios sean más flexibles. Levantarse un poco más tarde o acostarse algo después de lo habitual forma parte del descanso.
Lo importante es que esos cambios no sean extremos. Si una persona pasa varios días acostándose de madrugada y levantándose al mediodía, el reloj biológico se adapta a ese nuevo horario. Cuando terminan las vacaciones, volver a despertarse temprano puede generar cansancio, dificultades para concentrarse, irritabilidad y sensación de no haber descansado.
Los especialistas en medicina del sueño suelen recomendar mantener cierta regularidad, incluso durante los períodos de descanso. No es necesario sostener exactamente el horario escolar, pero sí evitar diferencias muy marcadas entre los días de semana y los fines de semana o las vacaciones.
El reloj biológico también necesita rutinas
Nuestro organismo funciona siguiendo un “reloj interno”, conocido como ritmo circadiano. Este sistema regula, entre muchas otras funciones, los momentos de vigilia y de sueño.
La luz natural durante la mañana ayuda a mantener sincronizado ese reloj. En cambio, la exposición intensa a la luz de celulares, tablets, computadoras o televisores durante la noche puede retrasar la conciliación del sueño, especialmente en niñas, niños y adolescentes.
Por eso, aun en vacaciones, resulta conveniente:
- Levantarse aproximadamente a la misma hora cada día.
- Aprovechar la luz natural durante la mañana, abriendo ventanas o realizando actividades al aire libre cuando el clima lo permite.
- Mantener horarios relativamente estables para las comidas.
- Reducir el uso de pantallas durante la hora previa a dormir.
- Realizar actividades tranquilas antes de acostarse, como leer, escuchar música suave o conversar en familia.

Vacaciones de invierno en Santa Fe: una oportunidad para crear hábitos saludables
En la provincia de Santa Fe, el receso escolar coincide con los días más fríos del año. Las bajas temperaturas hacen que muchas actividades se desarrollen dentro del hogar, aumentando el tiempo frente a pantallas.
Esto representa una buena oportunidad para promover otras propuestas familiares, como juegos de mesa, lectura compartida, manualidades, cocina en familia o actividades culturales organizadas por municipios, comunas, bibliotecas y centros culturales. Estas alternativas ayudan a disminuir el sedentarismo y facilitan una transición más tranquila hacia el momento de dormir.
Cuando el tiempo lo permite, también es recomendable aprovechar las horas de luz para caminar, jugar en plazas o realizar alguna actividad física recreativa. El movimiento diario favorece un descanso nocturno de mejor calidad.
¿Cuántas horas de sueño se necesitan?
Las necesidades de sueño cambian a lo largo de la vida. Si bien cada persona tiene características individuales, las recomendaciones internacionales indican que:
- Los niños en edad escolar necesitan aproximadamente entre 9 y 12 horas de sueño por noche.
- Los adolescentes requieren entre 8 y 10 horas.
- La mayoría de las personas adultas necesita entre 7 y 9 horas diarias.
Dormir muchas horas un solo día no siempre compensa varios días de descanso insuficiente. Lo más beneficioso es mantener una rutina relativamente constante.
Una semana antes de volver a clases
Uno de los errores más frecuentes es intentar recuperar el horario escolar la noche anterior al regreso a clases. Generalmente, esto no funciona porque el organismo necesita tiempo para adaptarse.
Una buena estrategia consiste en comenzar a ajustar gradualmente los horarios entre cinco y siete días antes del inicio de las clases. Acostarse y levantarse entre 15 y 30 minutos más temprano cada día suele facilitar la adaptación y disminuir el cansancio durante la primera semana escolar.
También conviene retomar progresivamente las rutinas habituales: preparar la mochila, organizar los útiles, establecer horarios de comidas y reducir el uso nocturno de dispositivos electrónicos.
Señales que merecen atención
Es normal que algunas noches cueste un poco más dormir durante las vacaciones. Sin embargo, si una persona presenta dificultades persistentes para dormir, ronquidos intensos acompañados de pausas respiratorias, somnolencia excesiva durante el día o un cansancio que interfiere con las actividades habituales, es recomendable consultar con un profesional de la salud para evaluar la situación.
En niñas, niños y adolescentes, las dificultades de sueño sostenidas pueden repercutir en el rendimiento escolar, el estado de ánimo y las relaciones familiares.
Pequeños cambios que hacen una gran diferencia
Las vacaciones son un tiempo para descansar, disfrutar y compartir. Mantener algunas rutinas básicas no significa perder la espontaneidad del receso escolar, sino cuidar la salud y facilitar el regreso a las actividades habituales.
Un horario de sueño relativamente estable, menos pantallas antes de dormir, actividades recreativas durante el día y momentos de tranquilidad al final de la jornada son hábitos sencillos que pueden mejorar la calidad del descanso de toda la familia.
Dormir bien no es un lujo: es una parte esencial del cuidado de la salud en todas las etapas de la vida.
