En una vida cotidiana marcada muchas veces por el trabajo, las responsabilidades familiares, los tiempos de traslado y muchas horas frente a pantallas, encontrar momentos para moverse puede parecer difícil. Sin embargo, la actividad física no tiene que estar asociada necesariamente a un gimnasio, a una rutina exigente o a la búsqueda de un determinado cuerpo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera actividad física a todo movimiento corporal que implica un gasto de energía, incluyendo los desplazamientos, las tareas domésticas, el trabajo, las actividades recreativas y el deporte.
Mover el cuerpo también puede ayudar a sentirse mejor
La relación entre actividad física y salud suele asociarse principalmente con la prevención de enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión o algunos tipos de cáncer. Pero sus beneficios también alcanzan la salud mental y el bienestar.
La evidencia disponible indica que la actividad física regular puede reducir los síntomas de ansiedad y depresión, favorecer la salud cerebral, mejorar el sueño y contribuir al bienestar general. Esto no significa que salir a caminar o hacer ejercicio sea un tratamiento suficiente para todas las situaciones de sufrimiento emocional o para los trastornos de salud mental. La actividad física puede formar parte de un abordaje integral, junto con otras estrategias y, cuando corresponde, con la atención de profesionales de salud.
Además, realizar una actividad que resulte agradable puede generar una pausa en la rutina y ofrecer un espacio para conectarse con uno mismo. Una caminata, una clase de baile, andar en bicicleta o participar de un grupo deportivo pueden convertirse también en momentos de recreación y encuentro con otras personas.
La actividad física puede tener, entonces, una dimensión corporal, emocional y social. No se trata solamente de cuánto se mueve una persona, sino también de qué actividad realiza, en qué condiciones y qué significado tiene para su vida cotidiana.
No hace falta ser deportista
Una de las ideas que pueden dificultar la incorporación de actividad física es pensar que solamente cuenta el ejercicio intenso o estructurado. Esto no es así.
Caminar para hacer un trámite, bajarse algunas cuadras antes del colectivo, utilizar la bicicleta para trasladarse, bailar, jugar con niñas y niños, realizar tareas de jardinería o participar de actividades recreativas también son formas de mantenerse físicamente activo. El Ministerio de Salud de la Nación incluye este tipo de movimientos dentro de la actividad física cotidiana.
Para las personas adultas, las recomendaciones internacionales indican realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad de intensidad vigorosa, o una combinación equivalente. También se recomienda realizar actividades de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. Estas cantidades son orientaciones generales y deben adaptarse a la edad, las condiciones de salud, las capacidades y las posibilidades de cada persona.
Pero hay algo especialmente importante: si una persona actualmente realiza poca actividad, comenzar de manera progresiva ya es un paso positivo. La OMS señala que cualquier cantidad de actividad física es mejor que ninguna y que todos los movimientos cuentan.
Menos tiempo sentado, más oportunidades para moverse
La actividad física y el comportamiento sedentario no son exactamente lo mismo. Una persona puede realizar ejercicio durante un determinado momento del día y, al mismo tiempo, pasar muchas horas sentada trabajando, estudiando, viajando o mirando pantallas.
Por eso, además de incorporar actividad física, es conveniente buscar oportunidades para interrumpir los períodos prolongados de sedentarismo. Levantarse, caminar unos minutos, cambiar de posición o realizar alguna tarea que implique movimiento son pequeñas acciones que pueden incorporarse a la rutina.
En este sentido, no es necesario pensar la actividad física como algo separado de la vida cotidiana. Una “vida activa” puede construirse a partir de muchas decisiones pequeñas: caminar en lugar de utilizar un vehículo cuando la distancia lo permite, utilizar las escaleras, realizar tareas domésticas, salir a pasear o elegir una actividad recreativa que implique movimiento.
Actividad física y vínculos sociales

Moverse también puede ser una oportunidad para encontrarse con otras personas.
Las caminatas grupales, los clubes, las plazas, las clases de baile, las actividades deportivas comunitarias y otras propuestas recreativas pueden favorecer el intercambio y el sentido de pertenencia. Para algunas personas, compartir una actividad puede ser una motivación para sostenerla en el tiempo y transformar el ejercicio en un espacio de disfrute.
Esta dimensión es particularmente relevante cuando se piensa la salud desde una perspectiva integral. El bienestar no depende solamente de los hábitos individuales: también está relacionado con las posibilidades que ofrecen los entornos donde las personas viven, trabajan, estudian y participan.
En América Latina y el Caribe existen importantes desigualdades en las oportunidades para realizar actividad física. La OPS advierte que las poblaciones con menores recursos, las personas con discapacidad, quienes viven con enfermedades crónicas y otros grupos en situación de mayor vulnerabilidad pueden enfrentar más barreras para mantenerse activos.
Por eso, promover actividad física también implica pensar en espacios públicos seguros, accesibles y adecuados, transporte activo, propuestas comunitarias y oportunidades para que personas de distintas edades y capacidades puedan participar.
Una mirada desde Santa Fe
En Santa Fe, el Predio UNL-ATE ofrece un ejemplo concreto de cómo los espacios comunitarios pueden ampliar las oportunidades para incorporar movimiento, recreación y bienestar a la vida cotidiana. Entre sus propuestas se encuentra la pileta climatizada cubierta, habilitada durante todo el año para afiliadas, afiliados y su grupo familiar, con actividades acuáticas como gimnasia suave en el agua y aquagym. El acceso al natatorio requiere certificado médico de aptitud física.
La propuesta se complementa con actividades gratuitas para afiliadas, afiliados y su grupo familiar, sin inscripción previa, entre ellas pilates, CrossFit, gimnasia suave en el piso, yoga terapéutica y yoga integral. También se ofrece un Rincón creativo, pensado como un espacio para pausar la rutina, explorar distintas prácticas artísticas y encontrarse con otras personas. A su vez, el Predio cuenta con actividades deportivas, recreativas y escuelitas que requieren inscripción previa.
Estas propuestas muestran que promover una vida activa también supone generar entornos que faciliten la participación. Contar con espacios para nadar, realizar ejercicios de bajo impacto, fortalecer la musculatura, practicar yoga o participar de actividades recreativas permite que personas con diferentes intereses, edades y posibilidades encuentren alternativas para moverse, disfrutar y vincularse. Desde esta perspectiva, el acceso a espacios comunitarios destinados a la actividad física y la recreación forma parte de una mirada integral de la salud.
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Encontrar una actividad posible y disfrutable
No existe una única actividad física adecuada para todas las personas. Lo importante es encontrar alternativas que puedan incorporarse a la vida cotidiana de manera segura, progresiva y sostenible.
Para algunas personas será caminar; para otras, bailar, nadar, hacer gimnasia, practicar un deporte, andar en bicicleta o realizar ejercicios de fortalecimiento. También pueden combinarse diferentes actividades a lo largo de la semana.
Al comenzar o retomar una práctica, especialmente después de un período prolongado de inactividad o cuando existen enfermedades, lesiones, dolor u otras condiciones particulares, puede ser conveniente consultar con un profesional de salud y recibir orientación adecuada sobre el tipo e intensidad de actividad más apropiados.
También es importante prestar atención a cuestiones sencillas de cuidado: utilizar ropa y calzado adecuados, hidratarse y evitar realizar ejercicio intenso en horarios de temperaturas muy elevadas. En la Argentina, donde durante el verano pueden registrarse temperaturas altas, estas recomendaciones adquieren especial importancia.
El objetivo no es exigirse más, sino vivir con más movimiento
Hablar de actividad física y bienestar emocional no significa agregar una nueva obligación a una vida ya cargada de responsabilidades. Se trata, más bien, de reconocer que el movimiento puede ser una herramienta cotidiana para cuidar la salud.
No es necesario comenzar con grandes cambios. Una caminata breve, bailar algunas canciones, elegir un trayecto que permita caminar o participar de una actividad con otras personas pueden ser primeros pasos.
La propuesta es encontrar una forma de movimiento que tenga sentido para cada persona y que pueda sostenerse en el tiempo. Porque mantenerse activo no consiste solamente en alcanzar una determinada cantidad de minutos: también significa recuperar espacios para el disfrute, el encuentro, la autonomía y el cuidado de uno mismo.
Mover el cuerpo puede ser una forma sencilla de cuidar la salud física. Y, al mismo tiempo, puede abrir un espacio para respirar, despejarse, encontrarse con otras personas y sentirse mejor.
Cada movimiento cuenta.
