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Alimentación Saludable

Menos sal, más salud

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Colorful traditional mooncakes with various fillings like red bean, lotus paste, and nuts displayed together for festival celebration.

La sal forma parte de nuestra alimentación cotidiana. La usamos para cocinar, para condimentar y también está presente en muchos de los alimentos que consumimos habitualmente. Sin embargo, cuando la cantidad de sodio que incorporamos es mayor a la que nuestro organismo necesita, puede afectar nuestra salud.

Reducir el consumo de sal no significa comer sin sabor ni renunciar a las comidas que disfrutamos. Se trata de incorporar pequeños cambios en la alimentación cotidiana y prestar atención a una fuente de sodio que muchas veces pasa inadvertida: los alimentos procesados y ultraprocesados.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que las personas adultas consuman menos de 5 gramos de sal por día, una cantidad equivalente a poco menos de una cucharadita. Esto representa menos de 2.000 miligramos de sodio diarios.

Sal y sodio: no son exactamente lo mismo

Aunque habitualmente utilizamos las palabras “sal” y “sodio” como si fueran sinónimos, no significan lo mismo. La sal de mesa está compuesta principalmente por cloruro de sodio y el sodio es uno de sus componentes.

El sodio es un mineral que nuestro organismo necesita para funcionar correctamente. Participa, entre otras funciones, en el equilibrio de líquidos y en el funcionamiento de los músculos y los nervios. El problema aparece cuando lo consumimos en exceso.

Una alimentación con demasiada cantidad de sodio puede favorecer el aumento de la presión arterial. La hipertensión arterial, a su vez, incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, como infarto y accidente cerebrovascular, además de estar relacionada con otras enfermedades, entre ellas las renales.

Por eso, reducir el consumo de sal es una medida de prevención importante para toda la población y no solamente para quienes ya tienen hipertensión.

¿De dónde viene la sal que consumimos?

Cuando pensamos en exceso de sal, probablemente imaginamos el salero que utilizamos en la mesa. Sin embargo, una parte importante del sodio que consumimos puede estar presente en los alimentos antes de que lleguen a nuestro plato.

Fiambres y embutidos, algunos quesos, caldos concentrados, sopas instantáneas, conservas, snacks, comidas preparadas, aderezos y otros productos procesados pueden aportar cantidades importantes de sodio. También algunos alimentos de consumo cotidiano, como el pan, pueden contribuir al consumo total.

Esto significa que “no agregar sal a la comida” no necesariamente equivale a llevar una alimentación baja en sodio. Por eso es importante observar las etiquetas de los productos y aprender a reconocer el contenido de sodio.

En Argentina, la Ley 26.905 establece medidas destinadas a reducir el consumo de sodio de la población, entre ellas límites para el contenido de sodio en determinados alimentos, acciones de educación y promoción de hábitos saludables y medidas relacionadas con la disponibilidad de saleros en establecimientos gastronómicos.

Argentina: un desafío de salud pública

El consumo elevado de sal constituye un problema de salud pública porque se relaciona directamente con la hipertensión arterial y, por esa vía, con las enfermedades cardiovasculares.

La guía de práctica clínica nacional sobre hipertensión arterial publicada por el Ministerio de Salud de la Nación recomienda una alimentación saludable reducida en sal para toda la población. La recomendación establece como referencia un máximo de 5 gramos de sal diarios, equivalentes a 2.000 miligramos de sodio. La misma guía señala que el consumo promedio de sal en Argentina supera los 10 gramos diarios.

Esto permite comprender que reducir la sal no es solamente una decisión individual. También requiere políticas públicas que faciliten el acceso a alimentos saludables, información clara para quienes consumen y medidas que favorezcan entornos alimentarios más saludables.

La alimentación saludable es, en este sentido, una cuestión vinculada al cuidado individual y también a la salud colectiva.

Santa Fe: menos sal, más prevención

En la provincia de Santa Fe también se han desarrollado acciones de promoción de la alimentación saludable y prevención de enfermedades vinculadas al consumo excesivo de sal.

El Gobierno provincial recomienda reducir el uso de sal y el consumo de alimentos con alto contenido de sodio. Entre las recomendaciones se encuentran evitar el salero en la mesa, utilizar hierbas y especias para condimentar y moderar el consumo de fiambres, embutidos, conservas, caldos y otros productos procesados.

Santa Fe cuenta además con la Ley Provincial 13.719, orientada a promover la alimentación saludable de la población mediante la educación alimentaria y nutricional, con especial atención a niñas, niños y adolescentes en los establecimientos educativos.

Estas acciones forman parte de una mirada de la salud que no se limita a tratar enfermedades cuando aparecen, sino que busca generar condiciones para prevenirlas y favorecer el bienestar de la población.

¿Cómo podemos consumir menos sal?

Reducir el consumo de sal no tiene por qué ser un cambio brusco. El paladar puede acostumbrarse progresivamente a sabores menos salados.

Algunas estrategias sencillas pueden incorporarse a la vida cotidiana:

  • Evitar agregar sal automáticamente antes de probar la comida.
  • Retirar el salero de la mesa.
  • Cocinar utilizando menos sal y aumentar progresivamente el uso de hierbas y especias.
  • Utilizar ajo, perejil, orégano, albahaca, pimienta, pimentón, cúrcuma, jengibre o jugo de limón para aportar sabor.
  • Elegir alimentos frescos o mínimamente procesados con mayor frecuencia.
  • Moderar el consumo de fiambres, embutidos, snacks, caldos concentrados, sopas instantáneas y otros productos con alto contenido de sodio.
  • Leer la información nutricional de los envases y comparar productos.
  • Preferir alimentos con menor contenido de sodio cuando existan diferentes opciones.
  • Cuando se consumen alimentos enlatados o en conserva, elegir opciones con menor contenido de sodio cuando estén disponibles.
  • Priorizar las comidas preparadas en casa cuando sea posible.

La OMS también recomienda aumentar el consumo de frutas y verduras, que además de formar parte de una alimentación variada contribuyen al aporte de potasio.

Menos sal no significa menos sabor

Una de las principales dificultades para reducir la sal es pensar que una comida saludable necesariamente tiene que ser desabrida. No es así.

Las hierbas aromáticas, especias, vegetales, cítricos y diferentes técnicas de cocción permiten construir sabores variados sin depender de grandes cantidades de sal.

También es importante recordar que no se trata de prohibir alimentos ni de buscar una alimentación “perfecta”. La alimentación saludable se construye a partir de elecciones cotidianas, teniendo en cuenta las posibilidades, los gustos, las costumbres y la cultura alimentaria de cada persona y cada comunidad.

En definitiva, comer con menos sal es una forma sencilla de cuidar la salud cardiovascular. Quitar el salero de la mesa, elegir más alimentos frescos, prestar atención a las etiquetas y aprender nuevas formas de condimentar son pequeños cambios que pueden incorporarse progresivamente.

Cuidar la alimentación no es solamente una responsabilidad individual. Contar con información clara, alimentos saludables accesibles y políticas públicas que protejan la salud también es parte del derecho a la salud.

Menos sal, más sabor, más prevención y más salud.

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