Las enfermedades cardiovasculares afectan al corazón y a los vasos sanguíneos. Entre ellas se encuentran la enfermedad coronaria, el accidente cerebrovascular (ACV), la insuficiencia cardíaca y otras enfermedades que pueden comprometer el funcionamiento del sistema circulatorio. A nivel mundial, constituyen la principal causa de muerte. En la Región de las Américas también representan una de las principales causas de mortalidad y discapacidad.
Por eso, hablar de salud del corazón no significa solamente hablar de infartos. Significa reconocer los factores que pueden aumentar el riesgo cardiovascular, detectarlos a tiempo y adoptar medidas que contribuyan a cuidar nuestra salud.
¿Por qué es importante cuidar el corazón?
El corazón necesita recibir un adecuado aporte de sangre y oxígeno para funcionar. Las arterias cumplen un papel fundamental en este proceso. Con el paso del tiempo, determinados factores pueden favorecer el desarrollo de aterosclerosis, un proceso en el que se acumulan placas en las paredes de las arterias. Esta situación puede dificultar el flujo sanguíneo y aumentar el riesgo de sufrir un infarto o un ACV.
Algunos factores de riesgo no pueden modificarse, como la edad, los antecedentes familiares o determinadas características individuales. Pero muchos otros sí pueden prevenirse, controlarse o tratarse.
Entre ellos se encuentran la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo, el sobrepeso y la obesidad, la falta de actividad física, una alimentación poco saludable y el consumo nocivo de alcohol. También existen factores sociales y ambientales que influyen sobre la salud cardiovascular, como las condiciones de vida, el nivel de ingresos, la urbanización, el estrés y la contaminación del aire.
La hipertensión: un riesgo que muchas veces no se siente
Uno de los principales factores de riesgo cardiovascular es la hipertensión arterial. Se produce cuando la presión que ejerce la sangre sobre las paredes de las arterias se mantiene elevada.
Una de sus características más importantes es que puede no producir síntomas. Una persona puede sentirse bien y, sin embargo, tener la presión arterial elevada. Cuando no se diagnostica y no se controla adecuadamente, puede aumentar el riesgo de infarto, ACV y daño renal.
Por eso, controlar periódicamente la presión arterial es una medida sencilla y fundamental. Si una persona recibe un diagnóstico de hipertensión, el seguimiento indicado por el equipo de salud y el cumplimiento del tratamiento son parte esencial del cuidado.
No se recomienda modificar ni suspender medicamentos por decisión propia, aunque la persona se sienta bien.
Comer mejor también es cuidar el corazón
La alimentación es otro componente importante de la salud cardiovascular. Una alimentación protectora del corazón no implica seguir dietas restrictivas ni eliminar grupos completos de alimentos.
En términos generales, se recomienda priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados, incorporar frutas y verduras, legumbres, cereales integrales cuando sea posible y elegir fuentes saludables de proteínas. También es importante moderar el consumo de productos con exceso de sodio, azúcares y grasas no saludables.
Reducir el consumo de sal es especialmente importante porque una ingesta elevada de sodio puede contribuir al aumento de la presión arterial. La Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud destacan también la importancia de aumentar el consumo de frutas y verduras y reducir el consumo de alimentos con exceso de sal, azúcares y grasas.
En Argentina, además, la información nutricional disponible en los envases puede ayudar a identificar productos con exceso de nutrientes críticos. Leer las etiquetas y observar los sellos de advertencia puede ser una herramienta para tomar decisiones más informadas al momento de comprar.
