El invierno también ofrece oportunidades para disfrutar de la luz natural y realizar actividades al aire libre. Caminar, salir a una plaza, andar en bicicleta o simplemente compartir un momento al aire libre puede favorecer el bienestar físico y emocional. La clave está en encontrar un equilibrio entre aprovechar los beneficios de la vida al aire libre y evitar una exposición excesiva a la radiación ultravioleta.
¿Qué cambia con el sol durante el invierno?
La cantidad de radiación ultravioleta que llega a la superficie terrestre varía según diferentes factores, entre ellos la época del año, la hora del día, la latitud, la altitud, la nubosidad y la presencia de superficies que reflejan la radiación. En general, durante el invierno el sol se encuentra más bajo en el cielo y la radiación UV es menor que durante los meses cálidos. Sin embargo, esto no significa que sea inexistente ni que no pueda producir daños.
En Argentina, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) dispone de información sobre el Índice Solar Ultravioleta (ISUV), que permite conocer el nivel de radiación UV previsto para un determinado lugar y momento. Este indicador es más útil que guiarse solamente por la temperatura: un día frío no necesariamente significa un día sin radiación UV.
Además, las nubes no bloquean completamente la radiación ultravioleta. Por eso, incluso durante una jornada fría, nublada o con poca sensación de calor, puede existir exposición a radiación UV.
En la provincia de Santa Fe, como en otras regiones de la Argentina, el nivel de radiación UV cambia a lo largo del año y también según la hora del día y las condiciones meteorológicas. Por eso, para planificar actividades al aire libre, es recomendable consultar el pronóstico del índice UV y no utilizar solamente la temperatura como referencia.
Luz solar y vitamina D: ¿cuál es la relación?
Una de las razones por las que se habla del sol y la salud es su relación con la vitamina D. Una parte de la vitamina D puede producirse en la piel a partir de la exposición a la radiación UVB. Esta vitamina participa, entre otras funciones, en la absorción del calcio y el mantenimiento de la salud ósea.
Durante el invierno, la menor intensidad de radiación UVB puede reducir la producción de vitamina D a través de la piel. Este efecto puede ser más importante en lugares alejados del ecuador y en personas que pasan mucho tiempo en espacios cerrados. También influyen otros factores, como la edad, la pigmentación de la piel, la cantidad de piel expuesta y los hábitos de vida.
Sin embargo, esto no significa que sea necesario exponerse deliberadamente al sol durante períodos prolongados para obtener vitamina D. La Organización Mundial de la Salud señala que es necesario encontrar un equilibrio entre los beneficios de una exposición limitada a la radiación UV y sus efectos perjudiciales. Además, la vitamina D también puede obtenerse mediante la alimentación y, cuando existe indicación profesional, mediante suplementos.
Por eso, no es recomendable utilizar la exposición solar intensa o las camas solares como estrategia para aumentar la vitamina D. La radiación ultravioleta es un carcinógeno reconocido y la exposición excesiva incrementa el riesgo de cáncer de piel.
El sol también puede acompañar el bienestar cotidiano

El invierno puede favorecer que pasemos más tiempo en espacios cerrados, especialmente durante los días fríos. Recuperar algunas actividades al aire libre puede ser una oportunidad para mantenernos activos y conectados con nuestro entorno.
Salir a caminar, encontrarse con otras personas en una plaza, realizar actividad física o simplemente pasar un rato al aire libre son prácticas que pueden formar parte de un estilo de vida saludable. No es necesario “tomar sol” para obtener estos beneficios: se trata de incorporar momentos de actividad y contacto con espacios exteriores de manera segura.
La luz natural también participa en la regulación de los ritmos biológicos relacionados con el sueño y la vigilia. La exposición a la luz durante el día forma parte de las señales ambientales que ayudan a sincronizar nuestro reloj biológico. Esto es especialmente relevante en una época en la que muchas personas modifican sus horarios y permanecen más tiempo en ambientes cerrados.
Por lo tanto, aprovechar el invierno para salir al exterior puede ser beneficioso, pero no debería confundirse con buscar una exposición solar intensa.
¿Hay que usar protector solar en invierno?
La respuesta es: depende del nivel de radiación UV y de las características de la actividad que se realice, pero la protección solar no debería considerarse exclusivamente una práctica de verano.
El Ministerio de Salud de la Nación señala que la radiación ultravioleta puede afectar la piel durante todo el año y recomienda sostener medidas de protección frente al sol. Entre ellas se encuentran buscar sombra, utilizar ropa adecuada, sombrero, anteojos con protección UV y protector solar en las zonas de piel que quedan expuestas.
La Organización Mundial de la Salud recomienda especialmente adoptar medidas de protección cuando el Índice Ultravioleta es de 3 o superior. Cuanto mayor es este índice, mayor es el riesgo de daño en la piel y los ojos y menor puede ser el tiempo necesario para que se produzcan efectos perjudiciales.
Por eso, una persona que sale durante el invierno para hacer una actividad cotidiana breve no necesariamente tendrá las mismas necesidades de protección que alguien que permanece varias horas al aire libre, practica deportes, trabaja en exteriores o realiza actividades en lugares donde existe mayor reflexión de la radiación.
En las zonas expuestas, puede utilizarse un protector solar de amplio espectro, con protección frente a UVA y UVB. El Ministerio de Salud argentino recomienda productos con FPS 30 o superior y su renovación cada dos horas, además de hacerlo después de nadar, transpirar, realizar actividad física o secarse con una toalla.
No olvidemos los ojos
La radiación ultravioleta no solamente afecta la piel. También puede producir daños en los ojos. La exposición acumulada se ha relacionado con problemas como cataratas y otras alteraciones oculares.
Por eso, cuando el índice UV sea elevado o se permanezca durante períodos prolongados al aire libre, es importante utilizar anteojos de sol que ofrezcan protección frente a los rayos UVA y UVB. También puede ser útil un sombrero de ala ancha, que brinda protección adicional para el rostro y los ojos.
Esto es particularmente importante para quienes realizan actividades al aire libre durante muchas horas, como trabajadores rurales, personas que practican deportes o quienes desarrollan tareas laborales en espacios abiertos.
¿Quiénes deben prestar especial atención?
La protección solar es importante para toda la población, pero algunas personas tienen mayor riesgo de sufrir daños por la radiación UV. Entre ellas se encuentran quienes tienen piel clara y se queman con facilidad, personas con muchos lunares o antecedentes personales o familiares de cáncer de piel y quienes trabajan habitualmente al aire libre. Los niños y adolescentes también requieren especial cuidado porque la exposición y las quemaduras solares durante estas etapas de la vida pueden aumentar el riesgo de cáncer de piel posteriormente.
También es importante recordar que tener la piel oscura no elimina el riesgo. Todas las personas pueden sufrir daños por radiación ultravioleta y deben adoptar medidas de protección adecuadas.
Invierno: disfrutar del aire libre sin descuidarnos
El invierno no es una estación para “olvidarse” del sol. Tampoco es necesario evitarlo por completo. Se trata de incorporar hábitos que permitan disfrutar de los espacios exteriores de manera saludable.
Algunas recomendaciones sencillas son:
- Consultar el Índice UV antes de realizar actividades prolongadas al aire libre.
- Buscar sombra cuando la radiación UV sea elevada.
- Utilizar ropa que cubra la piel cuando corresponda.
- Usar sombrero y anteojos con protección UV.
- Aplicar protector solar de amplio espectro, FPS 30 o superior, en las zonas expuestas cuando la situación lo requiera.
- No utilizar el protector solar para prolongar deliberadamente la exposición al sol.
- Prestar especial atención a niños, personas con piel muy sensible y quienes trabajan al aire libre.
- Evitar las camas solares: la radiación UV artificial también aumenta el riesgo de cáncer de piel.
- Consultar al equipo de salud ante una lesión nueva en la piel, una herida que no cicatriza o cambios en un lunar.
En Santa Fe y en el resto de la Argentina, el invierno puede ser una buena oportunidad para recuperar el hábito de caminar, encontrarse con otras personas y realizar actividades al aire libre. El objetivo no es “tomar sol” durante un determinado tiempo, sino incorporar movimiento, luz natural y contacto con el ambiente sin perder de vista la protección frente a la radiación ultravioleta.
El sol forma parte de nuestra vida cotidiana y puede acompañar hábitos saludables. La recomendación no es temerle, sino aprender a relacionarnos con él de manera responsable. Incluso en invierno, cuando las temperaturas son bajas y el sol puede parecer menos intenso, la radiación ultravioleta sigue estando presente. Con información, prevención y hábitos sencillos podemos aprovechar los beneficios de estar al aire libre y, al mismo tiempo, cuidar nuestra piel y nuestros ojos.
