Moverse es parte del cuidado cardiovascular
La actividad física regular también protege la salud cardiovascular. No es necesario pensar exclusivamente en deportes o entrenamientos intensos. Caminar, andar en bicicleta, bailar, realizar tareas activas, subir escaleras o practicar una actividad que resulte agradable pueden formar parte de una vida más activa.
La clave está en reducir el tiempo que pasamos sentados o inactivos y encontrar formas sostenibles de incorporar movimiento a la vida cotidiana. La actividad física insuficiente se relaciona con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, además de otras enfermedades no transmisibles.
Cada persona tiene condiciones y posibilidades diferentes. Por eso, ante determinadas enfermedades o situaciones particulares, es conveniente consultar con un profesional de salud para definir qué actividad resulta adecuada.
Dejar de fumar es una de las decisiones más importantes
El tabaquismo es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular. La exposición al tabaco afecta los vasos sanguíneos y aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular. La OPS estima que la exposición a productos derivados del tabaco está relacionada con una proporción importante de las muertes por enfermedades cardiovasculares en la región.
Dejar de fumar beneficia al corazón y a todo el organismo. Para muchas personas no es sencillo hacerlo sin ayuda. Buscar acompañamiento profesional puede aumentar las posibilidades de lograrlo.
El estrés también forma parte de la conversación
Cuando hablamos de prevención cardiovascular, no alcanza con enumerar hábitos individuales. La salud está atravesada por las condiciones concretas en las que las personas viven, trabajan, estudian, cuidan a otras personas y descansan.
Las situaciones de estrés sostenido, las dificultades económicas, las extensas jornadas laborales, la sobrecarga de tareas de cuidado, la falta de descanso y las dificultades para acceder a alimentos saludables o a servicios de salud pueden influir sobre la posibilidad de cuidar la salud.
Por eso, la prevención cardiovascular también requiere políticas públicas, servicios de salud accesibles y entornos que faciliten elecciones saludables. La OPS señala que las estrategias de prevención deben contemplar tanto las intervenciones individuales como las acciones sobre los determinantes sociales y los entornos.
¿Qué podemos hacer para cuidar nuestro corazón?
No existe una única acción que garantice evitar una enfermedad cardiovascular. El cuidado se construye a partir de diferentes medidas:
• Controlar periódicamente la presión arterial.
• Realizar los controles de salud recomendados según la edad, los antecedentes y las condiciones personales.
• Conocer los niveles de colesterol y glucemia cuando el equipo de salud indique su evaluación.
• Mantener una alimentación variada y priorizar alimentos frescos.
• Reducir el consumo de sal y de productos con exceso de sodio.
• Realizar actividad física de manera regular.
• Evitar el consumo de tabaco y buscar ayuda para dejarlo si es necesario.
• Evitar el consumo nocivo de alcohol.
• Respetar los tratamientos indicados para hipertensión, diabetes, colesterol u otras enfermedades.
• Procurar un descanso adecuado y buscar estrategias para manejar situaciones de estrés.
• Consultar ante síntomas nuevos o persistentes y no automedicarse.
Estas recomendaciones no reemplazan la consulta médica ni significan que todas las personas necesiten los mismos controles o tratamientos. El riesgo cardiovascular debe evaluarse de manera individual.
Reconocer las señales de alarma puede salvar una vida
Además de prevenir, es importante reconocer cuándo puede estar ocurriendo una emergencia.
Un dolor o molestia intensa en el pecho, especialmente si se acompaña de falta de aire, sudoración, náuseas, debilidad o dolor que se extiende hacia el brazo, la espalda, el cuello o la mandíbula, requiere atención médica inmediata.
También es fundamental reconocer los signos de un ACV: aparición repentina de dificultad para hablar o comprender, pérdida de fuerza o sensibilidad en un lado del cuerpo, alteraciones repentinas de la visión, dificultad para caminar, mareos intensos o pérdida del equilibrio. Ante estos síntomas, no hay que esperar a que desaparezcan: es necesario solicitar atención de emergencia inmediatamente.
Una responsabilidad individual y colectiva
Cuidar el corazón no significa vivir pendientes de la enfermedad. Significa incorporar el cuidado de la salud a la vida cotidiana y aprovechar las oportunidades de prevención.
En Argentina, como en otros países de América Latina, las enfermedades cardiovasculares representan un importante desafío para la salud pública. Las estrategias de prevención incluyen la promoción de hábitos saludables, la detección y el tratamiento de los factores de riesgo y el fortalecimiento de la atención primaria de la salud. En la región, la iniciativa HEARTS de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) promueve el fortalecimiento de la prevención y el manejo de las enfermedades cardiovasculares desde los sistemas de salud.
En la provincia de Santa Fe también existen iniciativas orientadas a acercar la prevención a las personas. En este sentido, el Día Preventivo impulsado por ATE en articulación con IAPOS constituye una propuesta destinada a promover el cuidado de la salud y facilitar el acceso a controles y acciones preventivas. Este tipo de iniciativas permite acercar la prevención a los espacios cotidianos de las personas, favoreciendo la identificación temprana de factores de riesgo y promoviendo el seguimiento de la salud.
La prevención cardiovascular no comienza cuando aparece una enfermedad. Conocer nuestros factores de riesgo, realizar los controles correspondientes, consultar ante dudas y contar con espacios accesibles para el cuidado de la salud son acciones que pueden contribuir a prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida.
El corazón no necesita cuidados solamente durante un mes. Septiembre puede ser el momento para empezar o retomar algunos hábitos: pedir un turno, controlar la presión arterial, revisar un tratamiento indicado por el equipo de salud, dejar de fumar, caminar un poco más, mejorar nuestra alimentación o simplemente prestar atención a cómo estamos cuidando nuestra salud.
Porque cuidar el corazón es, en definitiva, cuidar la vida.

