Hablar de salud cardiovascular no significa solamente pensar en el corazón cuando aparece un problema. También implica preguntarnos qué podemos hacer todos los días para cuidar nuestro sistema circulatorio y reducir, cuando sea posible, algunos factores de riesgo.
En ese sentido, moverse es una de las herramientas más accesibles para cuidar la salud. Caminar, andar en bicicleta, bailar, nadar, hacer gimnasia, practicar un deporte, trabajar en el jardín o realizar determinadas tareas del hogar son formas de actividad física. No hace falta ser deportista ni entrenar muchas horas para comenzar a incorporar movimiento a la vida cotidiana.
La actividad física regular contribuye a prevenir y controlar enfermedades no transmisibles, entre ellas las enfermedades cardiovasculares, y también puede ayudar a controlar la presión arterial, mantener un peso saludable y mejorar el bienestar general. El Ministerio de Salud de la Nación incluye dentro de la actividad física tanto el ejercicio y el deporte como los movimientos realizados durante los desplazamientos, el trabajo y las tareas domésticas.
Un corazón que también necesita movimiento
El corazón funciona como una bomba que impulsa la sangre hacia todo el organismo. Para hacerlo necesita un sistema circulatorio saludable y un organismo capaz de utilizar adecuadamente el oxígeno y la energía.
Cuando realizamos actividad física, el corazón aumenta su trabajo para responder a las necesidades del cuerpo. Con la práctica regular, se producen adaptaciones que favorecen la capacidad cardiorrespiratoria. Además, mantenerse físicamente activo ayuda a disminuir algunos factores asociados al riesgo cardiovascular, como la hipertensión arterial y la inactividad física.
Las enfermedades cardiovasculares constituyen uno de los principales problemas de salud en América Latina y el Caribe. En la Región de las Américas continúan siendo la principal causa de muerte y representan también una importante causa de discapacidad. La hipertensión arterial, el tabaquismo, la alimentación poco saludable, la inactividad física y otros factores pueden aumentar el riesgo cardiovascular.
Por eso, promover el movimiento no debería entenderse solamente como una decisión individual. También es una cuestión de salud pública: las personas necesitan contar con espacios seguros, accesibles y cercanos para caminar, trasladarse, recrearse y realizar actividades físicas.
