Actividad física y sedentarismo: dos cuestiones relacionadas
Mantenerse activo no significa solamente encontrar un momento del día para hacer ejercicio. También es importante prestar atención al tiempo que permanecemos sentados o acostados durante las horas en que estamos despiertos.
El comportamiento sedentario comprende actividades realizadas en posición sentada, reclinada o acostada con un gasto energético muy bajo. Un tiempo prolongado de sedentarismo se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y otros problemas de salud.
Por eso, una estrategia sencilla es interrumpir los períodos prolongados de estar sentado. Levantarse, caminar unos minutos, cambiar de posición, realizar una tarea breve o desplazarse dentro del lugar de trabajo son pequeñas acciones que ayudan a reducir el tiempo sedentario.
Esto es especialmente relevante en la actualidad, cuando muchas actividades laborales, educativas y recreativas se desarrollan frente a pantallas.
¿Qué actividad elegir?
No existe una única actividad física que sea adecuada para todas las personas.
Caminar puede ser una excelente alternativa para algunas personas. Para otras, puede resultar más atractivo bailar, nadar, andar en bicicleta, practicar yoga, realizar ejercicios de fuerza, jugar un deporte o participar de actividades comunitarias.
La elección puede depender de la edad, la condición física, las preferencias personales, las posibilidades económicas, la disponibilidad de tiempo, las condiciones de salud y el entorno.
También es importante que la actividad pueda realizarse de manera segura. Una persona que tiene una enfermedad cardiovascular diagnosticada, presenta síntomas durante el esfuerzo, hace mucho tiempo que no realiza actividad física o tiene alguna condición de salud que pueda limitar el ejercicio debería consultar con un equipo de salud para recibir orientación adecuada.
Esto no significa que las personas con enfermedades crónicas no puedan realizar actividad física. Por el contrario, la actividad física puede formar parte del cuidado de muchas condiciones crónicas, siempre adaptada a las posibilidades y necesidades de cada persona. La OMS señala que las recomendaciones también contemplan a personas con enfermedades crónicas y a personas con discapacidad.
