¿Cuánto movimiento necesitamos?
Las recomendaciones internacionales indican que las personas adultas deberían realizar, a lo largo de la semana, entre 150 y 300 minutos de actividad física aeróbica de intensidad moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad de intensidad vigorosa, o una combinación equivalente de ambas. También se recomienda incorporar actividades para fortalecer los principales grupos musculares al menos dos días por semana.
Pero estos números no deberían convertirse en una barrera.
Si una persona actualmente realiza muy poca actividad física, comenzar con pequeñas cantidades de movimiento y aumentarlas progresivamente puede ser un buen punto de partida. La Organización Mundial de la Salud destaca que cualquier cantidad de actividad física es mejor que ninguna y que todo movimiento cuenta.
Por ejemplo, algunas personas pueden comenzar caminando unos minutos, incorporando pausas activas durante la jornada laboral o utilizando las escaleras cuando sea posible. Otras pueden preferir bailar, andar en bicicleta, realizar ejercicios en casa, asistir a una clase grupal o practicar un deporte.
Lo importante es encontrar formas de movimiento que sean posibles de sostener en el tiempo.
No todo tiene que ser “hacer ejercicio”
Una idea importante es diferenciar actividad física de ejercicio.
El ejercicio es una forma planificada y estructurada de actividad física, como salir a correr, realizar una rutina de fuerza o asistir a una clase de gimnasia. La actividad física es un concepto más amplio: incluye también caminar para trasladarse, jugar, bailar, realizar tareas domésticas o moverse durante el trabajo.
Esta diferencia permite pensar el cuidado cardiovascular más allá del gimnasio.
En una jornada habitual podemos acumular movimiento de distintas maneras: caminar algunas cuadras, bajarnos antes del transporte, trasladarnos en bicicleta cuando las condiciones lo permiten, realizar tareas domésticas, jugar con niñas y niños o dedicar un momento del día a bailar o caminar.
Cada una de estas acciones puede formar parte de una vida más activa.
