La Organización Panamericana de la Salud (OPS) viene advirtiendo sobre los posibles impactos sanitarios asociados al fenómeno de El Niño 2026-2027 en las Américas. Esto no significa que todas las regiones vayan a experimentar las mismas consecuencias ni que sea posible anticipar con exactitud qué ocurrirá en cada localidad. Sí representa una oportunidad para fortalecer la preparación, mejorar la información disponible y desarrollar respuestas colectivas que reduzcan los riesgos.
¿Qué es el fenómeno de El Niño y cómo puede afectar la salud?
El Niño es un fenómeno climático natural relacionado con el calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, que modifica los patrones de circulación atmosférica y las condiciones meteorológicas en distintas partes del mundo.
En Argentina y otros países del Cono Sur, puede asociarse con períodos de precipitaciones superiores a las habituales, lluvias intensas y crecidas de ríos. En otras regiones de América Latina, sus efectos pueden expresarse mediante sequías, escasez de agua, olas de calor o incendios forestales. Las consecuencias dependen de la ubicación geográfica, la época del año y la intensidad del fenómeno.
Desde la perspectiva sanitaria, estos cambios pueden generar riesgos indirectos: la contaminación del agua y de los alimentos, el aumento de enfermedades transmitidas por mosquitos o roedores, las lesiones durante las inundaciones, los problemas respiratorios relacionados con el humo y las dificultades para acceder a los centros de salud. También pueden afectar la producción de alimentos, los ingresos familiares y el bienestar emocional.
Por eso, hablar de prevención no significa anticipar una catástrofe, sino reconocer posibles escenarios y trabajar para disminuir sus consecuencias.
La salud también depende de las condiciones en las que vivimos
Los fenómenos climáticos no afectan a todas las personas de la misma manera. Las familias que viven en zonas inundables, los barrios con dificultades de drenaje, quienes no cuentan con agua potable o saneamiento adecuado y las personas con mayores barreras de acceso a los servicios de salud pueden enfrentar riesgos más importantes.
En estos contextos, la prevención no puede limitarse a las acciones individuales. Es fundamental contar con infraestructura adecuada, mantenimiento de desagües, recolección de residuos, sistemas de alerta temprana, acceso a agua segura, asistencia oportuna y servicios sanitarios preparados para responder ante una emergencia.
La protección de la salud es un derecho y una responsabilidad colectiva. Los organismos públicos, los equipos de salud, las instituciones educativas, las organizaciones sociales y la comunidad cumplen funciones complementarias. La coordinación entre estos actores permite identificar necesidades, acercar información confiable y priorizar a quienes requieren mayor acompañamiento.
Santa Fe: preparación y cuidado ante posibles emergencias hídricas
En la provincia de Santa Fe, la relación con los ríos y los cursos de agua forma parte de la vida de numerosas comunidades. Ante posibles lluvias intensas, crecidas y anegamientos asociados a las condiciones climáticas, resulta importante fortalecer la preparación sanitaria y comunitaria.
La preparación de hospitales y centros de atención primaria, la coordinación entre los distintos niveles de gobierno, la vigilancia epidemiológica y la disponibilidad de insumos son aspectos esenciales para sostener la atención antes, durante y después de una contingencia.
Estas acciones deben acompañarse de información accesible para toda la población, canales de comunicación claros y mecanismos de asistencia para las personas que necesiten trasladarse, acceder a medicamentos o recibir atención durante una emergencia.

Prevenir también es proteger el agua, los alimentos y el entorno
Cuando se producen inundaciones o anegamientos, el agua puede entrar en contacto con residuos, sustancias contaminantes y desechos cloacales. Por eso, es importante seguir las indicaciones de las autoridades sanitarias sobre el consumo de agua segura, la conservación de los alimentos y las tareas de limpieza.
También es necesario evitar el contacto directo con aguas de inundación siempre que sea posible, no ingresar en corrientes de agua y utilizar elementos de protección adecuados durante la limpieza de espacios afectados. Ante la presencia de roedores o el contacto con agua potencialmente contaminada, deben respetarse las recomendaciones sanitarias para prevenir enfermedades como la leptospirosis.
Por otra parte, las lluvias y los cambios en el manejo del agua pueden favorecer la presencia de mosquitos. El control del dengue requiere acciones sostenidas: eliminar recipientes que acumulen agua, mantener los espacios públicos y privados en condiciones adecuadas y promover estrategias comunitarias de saneamiento y control ambiental.
Estas medidas son más efectivas cuando se acompañan de políticas públicas de gestión de residuos, mantenimiento urbano, acceso al agua y comunicación sanitaria. No alcanza con trasladar toda la responsabilidad a cada hogar: las condiciones ambientales también requieren respuestas institucionales.
Cuidar la salud mental y sostener las redes de apoyo
Las emergencias climáticas pueden generar preocupación, incertidumbre, pérdidas materiales y cambios abruptos en la vida cotidiana. La evacuación, la interrupción del trabajo, la separación temporal de familiares o la pérdida de objetos significativos pueden provocar angustia y agotamiento.
Por eso, la respuesta sanitaria también debe contemplar la salud mental. Escuchar, acompañar sin juzgar, facilitar el contacto con familiares y vecinos y garantizar espacios de atención cuando sean necesarios son acciones importantes para atravesar estas situaciones.
Las redes comunitarias cumplen un papel fundamental, especialmente para acompañar a personas mayores, personas con discapacidad, familias con niños pequeños y quienes necesitan asistencia para movilizarse o acceder a servicios básicos. La solidaridad debe organizarse de manera segura y coordinada, respetando las indicaciones de los equipos de emergencia.
Información confiable y participación comunitaria
La prevención comienza antes de que se produzca una emergencia. Mantenerse informado mediante los canales oficiales, conocer las vías locales de evacuación, identificar los centros de asistencia y comunicar situaciones de riesgo permite mejorar la capacidad de respuesta.
Es importante evitar la difusión de rumores o mensajes alarmistas. La información debe ser clara, verificable y adaptada a las necesidades de cada comunidad. Las instituciones y los medios de comunicación tienen un papel relevante para acercar recomendaciones oportunas y explicar dónde solicitar ayuda.
Del mismo modo, la participación de vecinos, organizaciones sociales, sindicatos, escuelas y centros de salud permite reconocer problemas concretos del territorio y construir respuestas compartidas.
Promover la salud es prepararnos entre todos
Ante los posibles efectos del fenómeno de El Niño, la prevención no debe entenderse únicamente como una suma de cuidados personales. También implica garantizar derechos, fortalecer el sistema de salud, mejorar las condiciones ambientales y sostener políticas públicas que reduzcan las desigualdades.
Prepararse no significa vivir con miedo, sino actuar con responsabilidad y anticipación. La información confiable, la organización comunitaria, el trabajo coordinado de las instituciones y el acceso oportuno a los servicios esenciales son herramientas fundamentales para proteger la salud.
Cuidar la salud frente a los fenómenos climáticos es una tarea compartida: requiere comunidades informadas, instituciones preparadas y un compromiso sostenido con el bienestar y los derechos de todas las personas.
